29 de octubre de 2009

Vino el teléfono… y te quedaste MUDA

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Consejo del día: Decile NO! al pancito que te traen con la comida.
Accesorio del día: Tweetdeck! Fantástico.
Ten paciencia con... la boleta de teléfono que cotiza en bolsa.

¿Qué es lo primero que hacés cuando pasa algo “relevante” en tu vida? Llamás a tu amiga para contarle. No importa qué definición tome el término relevante: te peleaste con tu novio, viste zapatos de oferta, Pepito te dejó plantada, no sabés que ponerte, lo que sea. Se puede decir que tu amiga es una verdadera multitask, puede hablar de cualquier cosa, y sino, te pone el oído.
El gran problema, comienza cuando llega la factura de teléfono y te la querés morfar. Te preguntás por qué carajo no habrás cerrado la boca, por qué no podés decidir sola si enviarle o no un mensaje a Pepito, por qué no podés tomar coraje y ponerte la pollera corta sin buscar la aprobación de tu compinche. Pero bueno, eso ya pasó y llega el momento de desembolsar.
Ves si podés con la tarjeta, chequeas el homebanking a ver cuánto sueldo te queda (eso sería el resto después de haberte comprado una cartera nueva todos los meses, y como era de un color excéntrico seguro necesitabas unos zapatos que combinen, más el adorno para la cocina que nunca lo usás pero era muy chic y toooodo ese cumulo de objetos MUY UTILES para tu integridad personal). Eso da un total de mitad de la cuenta de teléfono. La otra mitad se la pedís en préstamo a tu amiga. Total, es tu amiga, te banca. El mes que viene se lo prestás vos.
De todas formas, sea por lo que sea, vos y tu amiga disfrutan la hora y pico que se cuelgan en el teléfono. Lo que no disfrutan es la mitad del sueldo que se te va en la cuenta. ¿Será más barato ir a psicoanalista? La respuesta es NO. ¿Por qué? Porque no tiene tu historia clínica. Tu amiga se la sabe de memoria y no solo eso, sino que mágicamente SABE lo que estás pensando, sabe cómo te sentís y, como un plus, si Pepito te dejó por otra lo aborrece tanto como vos. Eso es impagable.

27 de octubre de 2009

Oficios Innatos 2: Coiffeur

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Consejo del día: Tomá agua
Accesorio del día: Algo bien chic para el celu
Ten paciencia con: Las encuestas telefónicas automáticas

Algunos se preguntarán por qué, cada tanto tengo el flequillo que parece un serrucho. La respuesta está en el título: las mujeres nacimos para ser peluqueras. Sí, más allá de coser, planchar y cocinar (las tareas básicas que todos los hombres nos atribuyen y de las que por supuesto NO ME HAGO CARGO) también dominamos el arte de cortar el pelo.
Aunque claro, con algunos “daños colaterales”. Siempre que llegás a la oficina el día siguiente tu compañera te dice: “¿Te hiciste algo en el pelo?”, con una cara rara, símil a la del gusto agrio que te da comer un limón. Vos sabés que aunque se haga la superada, cuando te la cruces en el baño te va a pedir que le retoques las puntas porque no tiene tiempo ni para respirar.
Muchos deben pensar que para las mujeres ir a la peluquería es fantástico. Claro, es fantástico cuando no tenés los pibes con tu marido dándote vuelta la casa, o cuando no estás obligada leerte medio revistero mientras esperás los supuestos “15 minutitos” para que todas las viejas de los sábados a la mañana se hagan el brushing.
Sin embargo, ir a la peluquería tiene sus ventajas. No hay nada más relajante que te laven el pelo. Lástima que, a lo sumo, ese momento dura 4 o 5 minutos, no más. Después te sentás en el sillón, y en vez de relajarte temblás porque le decís: “Cortame las puntas, manteneme el largo” y cuando salís parecés Carlitos Balá. No entienden que para nosotras, ir a la peluquería muchas veces es traumático. Por eso, prefiero estar como un serrucho, pero a mucha honra!

11 de octubre de 2009

¡Que lo pan con queso!

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Consejo del día: No seas codito! Dejá de cortarte el flequillo en casa y andá a la peluquería!
Accesorio del día: Una cosa de esas que secan la lechuga después de labarla. La tecnología me supera.
Ten paciencia con... Los borrachos del boliche

Todos los que me conocen saben que de vez en cuando me agarra el viejazo y me salen frases como: ¡pucha! o ¡Que lo pan con queso! Y hasta yo me asusto.
¿Será que son frases verbales que vienen en combo con las canas? Tengo miedo, hasta prefiero algunos sábados quedarme en casita tomando un té y viendo una peli en vez de tomar un fernet con coca y salir a “pachanguear” (AUCHHHH!!!)
En fin, ayer dejé la modorra y fui a un barcito con mi prima. Sentí el paso de generación. La gente no bajaba de los 25 años y el hitazo de la noche fue “El baile del pimpollo” ¿Perdón? Creo que me confundí de lugar, o el disc jockey había salido de una peli de Palito Ortega.
En fin. Los años pasan, ¡que lo pan con queso!

1 de octubre de 2009

Internación universitaria

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Consejo del día: No uses 15 manos de esmalte porque al otro día se sale como una capa de plástico.
Accesorio del día: Un anillo grande que combine con tu atuendo.
Ten paciencia con... los que no tienen cambio y te piden MONEDAS!!!


Hoy me envió un mail una amiga para informarme que comenzaba su etapa de “internación universitaria”. Este fenómeno, según la real academia femenina (y en palabras de mi amiga) significa: leer, leer, leer, dormir a veces, leer, leer, comer (mucho porque la ansiedad mata) leer, tomar unos mates, leer, no depilarse y estar tipo hombre lobo, leer, andar en pantuflas todo el día si total ni salís ni al patio para ver la luz del sol, leer y leer.
Quizá un fenómeno un poco impactante para algunos, para otros habitual cuando uno labura, estudia y encima pretende tener una vida social. A veces durante este período las mujeres presentamos ciertas, ejem… ¿cómo decirlo? Alteraciones de la conducta tales como:
-Ansiedad que se manifiesta en histeria crónica
-Susceptibilidad que se manifiesta como “cualquier boludez me hace llorar”
-IRA. Esta es fácil: ¡ganas de romper todo!
-Descuido personal. Creo que mi amiga hizo referencia a algunos detalles, pero en general consideramos que sólo te queda algo de uña porque la mitad te la morfaste de la ansiedad; las cejas ya están tan pegadas que parecen una sola y ni hablar de las cremas después de bañarte: ¡Hay que ahorrar tiempo!
Son todos síndromes pre examen, especialmente pre final. Pero calmate un poquito, te aviso que para la sidra y el pan dulce todavía faltan unos meses. Todavía esta lejos la arena y el mar, por el momento conformate con tirarte como una morsa pero encima del escritorio!
 

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